Escrito por Tendenzias

Amistades en la música

¿Os habéis preguntado alguna vez si todas esas amistades que proclaman a los cuatro vientos los cantantes (también las cantantas, para los amantes de lo estúpido y políticamente correcto, que se olvidan de que en castellano también existe el género neutro) son ciertas?

Pues bien, el 99.9 % no lo son.

Leemos titulares del tipo “la grabación con Menganito ha sido maravillosa, nos llevamos muy bien” o “trabajar con Zutanita ha sido fantástico, era algo que ambos llevábamos esperando desde hacía mucho tiempo”. Eso es lo que leemos. La realidad de esa amistad, en la mayor parte de los casos, es otra mucho menos romántica: el dinero.

Cuando varios artistas se juntan para grabar, por ejemplo, un disco de versiones, no es por la admiración mutua que sienten, no. Casos hay, por supuesto (Loquillo y Pepe Risi, Sabina y Serrat, Bunbury y Calamaro…) pero, no debemos olvidar que, por naturaleza, todo artista tiene una dosis de ego tremendamente superior a la media y, si quedara algún resto de normalidad en su actitud, para eso están los representantes, para convencerles de que son seres superiores y que, por tanto, no pueden hacer las mismas cosas que haríamos los mortales de infantería.

Cuando estos artistas se juntan para grabar un disco, decíamos, lo hacen, como casi siempre, por el cochino parné. Hay que vender y qué mejor forma que utilizar los nombres de otros artistas que, habitualmente, suelen pertenecer a la misma discográfica, para intentar recaudar unos cuantos mortadelos (Pérez-Reverte dixit).

Amistad, versiones remasterizadas, contenidos extras, pases especiales o la madre que parió a todos ellos. Cualquier cosa menos música de calidad. ¿Recordáis el cuento de la gallina de los huevos de oro? Eso es lo que está acabando con la música.

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