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Dile a Laura que la quiero

Cuántos ejemplos hay en el mundo de la música de grupos fugaces, cantantes de un solo éxito, tan rápidos en su llegada como en su extinción.

Sin embargo, a veces, ese único éxito, esos cinco minutos de gloria perviven en el tiempo, gracias a esa serie de casualidades que, a veces, se dan en el mundo de las artes.

Este es el caso de Ray Peterson y su Tell Laura I love her, drama musical en tres actos que José Luis Garci hizo tema central de su fantástico retrato social de la España de finales de los 70 llamado Solos en la madrugada.

Bien es cierto que, hoy día, tanto la canción del bueno de Ray como la película de Garci, ya no pertenecen al presente, ese presente en el que las cosas bien hechas, bien contadas y bien cantadas ya no importan, pues lo único que nos interesa es la inmediatez de la gallina de los huevos de oro.

Su lugar, el de la canción y el de la cinta, ha quedado atrás, en ese lugar donde van a parar las cosas bien hechas, ese baúl que una vez se cerró y ya no queda casi nadie que recuerde cómo abrirlo.

El baúl donde, hace unos cuantos años, encerramos el talento y los sentimientos, sustituyéndolos por la inmediatez y la mediocridad que, estaremos de acuerdo en que, ni de lejos, son lo mismo, pero quedan mucho mejor en las fotos y, al fin y al cabo, parece que eso es de lo que se trata.

Pese a todo, y sé que no soy el único, quiero que le digas a Laura que la sigo queriendo.

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