Foghat, un tesoro por descubrir
Cuando uno está metido en los entresijos del rock and roll, término que, en el mundillo, se refiere a cualquier evento que tenga que ver con la música, ya sean boleros o bachatas, tiene la oportunidad de conocer, como ya he dicho en varias ocasiones, personajes de lo más peculiar.
Sin embargo, es en los conciertos de rock, los de los tatuajes y las melenas o, al menos así era antes, donde uno tiene a sus favoritos.
Porque debajo de toda esa fachada de tatuajes, muñequeras de cuero y melenas, algunas más provistas de calvas que de pelo (cosas de la edad), uno encuentra gente de lo más entrañable, dispuesta a compartir sus historias si uno tiene la disposición y la empatía necesarias.
La mayor parte, no diremos todos, porque en todos los sitios hay gilipollas, afortunada o desafortunadamente, son gente noble, que ama la música, pero no la música en general, sino la música atemporal, la buena de verdad, la que resiste el paso del tiempo, independientemente de las modas y las costumbres.
Y, muchas veces, gracias a esta gente, uno tiene la oportunidad de descubrir grupos de los que no había oído hablar jamás.
Hace ya unos años, muchos aunque parezca que fuera ayer, compartiendo una cerveza con uno de estos tipos entrañables, hablando del rock de la década de los 70, me descubrió a un grupo británico del que poco o, mejor dicho, nada sabía: Foghat.
Un grupo de rock genuino, de los de antes, sin dobles lecturas, sólo rock and roll. Música sencilla y, a la vez, imperecedera.
Y, cuando uno descubre o, le descubren, un grupo de este calado, no puede evitar sentir lo mismo que debían sentir los piratas al desenterrar un tesoro enterrado bajo una gran X. Porque eso es lo que son Foghat, un tesoro por descubir.
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