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Norah Jones y la serenidad

A medida que uno va cumpliendo años, el deseo que acompaña al soplido de las velas se va adaptando. Atrás van quedando los que pedían que la muchacha que nos cortaba el hipo nos hiciera caso y, poco a poco, también uno va olvidando la felicidad como su prioridad absoluta, siendo ésta sustituida por un deseo mucho más tangible y alcanzable: la serenidad.

Y, precisamente, este ansiado estado vital es lo que aporta la música de Norah Jones.

La voz de esta neoyorquina de 28 años acaricia con su delicadeza, relaja con sus acordes y calma esas tormentas internas que, debidas al mero hecho de estar vivo, experimentamos los seres humanos.

Norah se presentó al mundo con su disco Come away with me donde, a base de tranquilidad y buen gusto, nos transportaba a un universo sereno como una balsa de aceite. Mezclando con maestría el jazz y el blues sobre una base pop, acompañado todo ello por la voz acariciadora de Jones, el disco traslada, sin salir de la propia habitación, a los locales con luz baja donde uno puede escuchar música en directo. Esos locales entrañables donde uno sabe, por mucha piratería e industria que lo intente, que la música jamás morirá.

Después de su primer trabajo llegó Feels like home, la confirmación de que ese primer disco no había sido fruto de la casualidad.

Hace unos meses publicó Not too late donde, aplicando la fórmula de siempre, Norah nos lleva, cada vez que la escuchamos, a esos lugares de música en vivo donde, gracias a ella, seguimos respirando paz y serenidad entre el humo de los cigarrillos que son el decorado de estos sitios.

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