Un pequeño viaje al pasado
Acabo de regresar al presente después de un maravilloso viaje al pasado que ha durado lo que duran las buenas comidas, sobremesa incluida, por supuesto, con los buenos amigos, en este caso, uno al que hacía tiempo que no veía, compañero de esos días de carretera y mala vida en el mundillo del rock and roll.
Después de las inevitables preguntas destinadas a actualizar nuestros presentes más inmediatos (él sigue en el rock and roll), de la manera más tonta, como suele suceder siempre, han empezado a acudir esas viejas batallitas que vivimos a lo largo de tantos años.
Y han venido casi todas, desde la fantástica historia del champán (aún os debo el final, lo sé) a las tribulaciones que tuvimos que pasar en Moscú intentando conseguir algo de cocaína (sí, sí, lo habéis leído bien… ¿o creíais que eso del sexo, drogas y rock and roll era sólo una frase hecha?) a las 3 de la mañana porque si no, el artista (por decir algo) en cuestión (cuyo nombre, por supuesto, obviaremos), se negaba a salir a escena. Peripecia que nos ha hecho llorar de la risa (en su momento no tuvo ninguna gracia) porque, punto 1, los camellos también duermen, punto 2, en Moscú hay poca gente que hable inglés y, punto 3, nuestro querido camello no sólo estaba como una marmota, sino que no tenía ni idea de la lengua de Shakespeare (la ley de Murphy es inexorable), con lo que, el cuadro para adquirir la mierda (como dirían en las películas de Tarantino), fue parecido a un número mímico de los geniales Tricicle.
Y pese a la añoranza y la nostalgia que provocan estas anécdotas (y las muchas que siguen en el tintero), me quedo con la tranquilidad de estos días.
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Comentarios al artículo
1
Fecha: September 14, 2007 at 9:24 pm
[...] un par de días estuve trabajando en un concierto. Siempre digo que va a ser el último pero, al final, se convierte en el penúltimo. Es cierto, ya [...]








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